Lady Gaga, la diva y reina gótica del género pop, cambió para siempre lo que representa el festival de Coachella con su asombrosa actuación en la noche inaugural de este famoso evento musical, el cual llevó a otro nivel al traer de vuelta sus origenes y combinarlos con su nueva esencia bajo una escenografía con elementos oscuros y angelicales que destacaron junto a una actuación dramática.
La «Mother Monster» representó de manera magistral el concepto de renacimiento con este concierto que se ejecutó como una obra de teatro, que se dividió en seis actos en total, y a través de esta reveló el inicio de una nueva era que entremezcló con los éxitos que la catapultaron a la fama e hicieron de ella un ícono en la industria de la música.
El setlist de Gaga incluyó clásicos como «Poker Face», «Born This Way», «Shallow» y «Bad Romance», al igual que temas de su nuevo álbum Mayhem, como: «Garden of Eden», «Killah» y «Die with a Smile». Cada tema fue interpretado alrededor de una narrativa simbólica en la que volvió a su pasado para asesinarlo, enterrarlo, revivirlo y renacer de sus cenizas, esto al mismo tiempo en el que deslumbraba a todos los presentes con una producción visual y sonora espectacular.
Los colores blanco, negro y rojo, combinados con elementos como calaveras, una torre lúgubre, pilares imponentes, plumas, máscaras tétricas, vestuarios extravagantes y movimientos erráticos fueron clave en el show y lo volvieron totalmente memorable, además la cantante ofreció momentos icónicos donde la Lady Gaga actual mató a su versión anterior, representada como la Gaga de Bad Romance, o la increíble transición de Abracadabra a Judas, que fue asociada por los fanáticos a el inicio de Semana Santa, lo que hizo más osado este concierto.
DL/Reporte Relámpago
Vídeo: Billboard

