Un gato callejero se acerca con paso firme y decidido hacia el puesto de un limpiabotas local. No busca comida, ni refugio del frío; busca cumplir con su cita más importante del día que es su sesión de belleza y mimos.
El felino salta con total confianza sobre la silla del señor y se acomoda, esperando pacientemente a que el artesano del calzado interrumpa su labor.
El hombre, lejos de espantarlo, sonríe con ternura, toma uno de sus cepillos más suaves y comienza a pasarlo delicadamente por el lomo del animal.
JA / Reporte Relámpago
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