En un emotivo episodio que pasó de la angustia a la ternura absoluta, los visitantes y el personal del Zoológico de Praga fueron testigos de un drama familiar que, afortunadamente, terminó en risas.
Todo comenzó cuando la elefanta residente entró en un estado de evidente desesperación. Su pequeño hijo, Maxmilián, yacía inmóvil en el suelo del recinto. Tras varios intentos fallidos de su madre por ponerlo en pie con suaves empujones, la situación escaló: la elefanta comenzó a emitir barritos de angustia y a buscar desesperadamente la atención de sus cuidadores.
Conmovidos por la escena, la madre utilizó su trompa para señalar a su bebé y «pedir ayuda» a los humanos presentes, convencida de que algo terrible le había sucedido a su cría.
Al acudir al llamado de emergencia, los cuidadores se prepararon para lo peor. Sin embargo, tras una breve inspección, la tensión se disipó para dar paso a la incredulidad: Maxmilián no estaba enfermo ni herido; simplemente estaba disfrutando de un sueño profundo.
«El pequeño Maxmilián estaba en un estado de relajación tan total que ignoró por completo los empujones, los llamados y el alboroto de su madre», comentó uno de los portavoces del zoológico.
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Reporte Relámpago

